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La alta costura más allá del archivo

El archivo se ha convertido en el gran protagonista de la alfombra roja. Pero mientras miramos al pasado, diseñadores contemporáneos están creando hoy las piezas que algún día recordaremos.

MF
Marisa Felices
29 ago 2026

Marisa Felices

Durante los últimos años, la alfombra roja ha desarrollado una nueva obsesión: mirar hacia atrás.

Las actrices recuperan vestidos que alguna vez caminaron por las pasarelas de Gianni Versace, Thierry Mugler, Alexander McQueen o John Galliano y que, décadas después, vuelven a adquirir una nueva vida frente a las cámaras. El fenómeno del archive fashion ha convertido las alfombras rojas en una suerte de exposición itinerante de la historia de la moda. Y es una celebración más que merecida. Recuperar una pieza histórica significa reconocer su valor, devolverla a la conversación y demostrar que una buena prenda puede sobrevivir a su propio tiempo. Pero existe una paradoja. Si todas las miradas se dirigen al pasado, ¿quién está construyendo el archivo del futuro?

Antes de convertirse en una pieza histórica, todo vestido fue contemporáneo. Antes de ser una fotografía de archivo, toda imagen fue tomada por primera vez. Y antes de que una creación de alta costura pudiera ser considerada patrimonio de una maison, alguien tuvo que decidir que aquella pieza merecía existir.

La alfombra roja también puede ser ese lugar. No todo lo que merece ser recordado tiene veinte años. A veces acaba de salir del taller.

Antes de ser archivo, fue presente

El creciente protagonismo de las piezas históricas ha cambiado nuestra manera de mirar la relación entre moda y cine. Vestir a una actriz ya no consiste únicamente en encontrar el vestido adecuado para una noche: se ha convertido en una operación cultural en la que una prenda puede establecer conexiones con una época, un diseñador, una película o incluso con la propia historia de Hollywood. Pero existe una diferencia fundamental entre recuperar una pieza histórica y presentar una creación contemporánea. En el primer caso, la actriz está reinterpretando una historia que ya conocemos. En el segundo, está ayudando a escribirla. Eso es precisamente lo que ocurre cuando una intérprete elige una creación reciente de alta costura para promocionar una película. La prenda abandona el espacio protegido de la pasarela y se convierte en imagen cultural. Y algunas de esas imágenes terminarán siendo historia, sólo que aún no lo sabemos.

Angelina Jolie y Alexander McQueen

Fotografía 1: Angelina Jolie en Alexander McQueen SS25, look 46. Globos de Oro, 5 de enero de 2025. Crédito: John Nacion/GG2025/Getty Images. Fotografía 2: Alexander McQueen, Spring/Summer 2025, look 46, diseñado por Seán McGirr. Crédito: cortesía de Alexander McQueen / material de desfile de la maison.

Uno de los ejemplos más interesantes apareció en los Globos de Oro de 2025. Angelina Jolie acudió a la ceremonia durante la campaña de promoción de Maria (Pablo Larraín, 2024), donde interpretaba a Maria Callas, vestida de Alexander McQueen. Y aunque a primera vista podría parecer una elección más dentro del repertorio habitual de grandes nombres de la alfombra roja, había algo mucho más significativo detrás.

Jolie llevaba el último look de la colección Spring/Summer 2025 de Alexander McQueen, el segundo desfile de Seán McGirr para la casa. La propia Vogue France lo identifica como el último look de la colección: un largo vestido de tul negro cubierto por una compleja superficie de metal plateado y cadenas de cristal.

La pieza está concebida como una segunda piel de tul sobre la que se despliega una auténtica topografía de cadenas y bordados metálicos. Las aplicaciones siguen las líneas anatómicas del cuerpo, haciendo que la ornamentación no sea simplemente decorativa: construye visualmente la silueta.

El efecto cambia con el movimiento. Cuando Jolie camina, las superficies metálicas captan la luz y generan una vibración casi líquida. La transparencia del tul introduce, además, una segunda capa de lectura: lo rígido y lo etéreo coexisten en la misma prenda.

Es una de las tensiones que McGirr exploró en aquella colección: precisión frente a fragilidad. El diseñador había acudido a los archivos de Lee Alexander McQueen y, especialmente, a Banshee, la colección de 1994. Su interpretación contemporánea del imaginario de la banshee irlandesa se mezcló con una investigación sobre la sastrería británica y con tejidos manipulados —chifón, organza, crepé de seda— tratados, lavados, rasgados o plisados.

Por eso este vestido resulta especialmente apropiado para nuestro argumento. Jolie no estaba llevando un McQueen de archivo. Estaba llevando a Seán McGirr construyendo el próximo capítulo de McQueen.

La elección tampoco es completamente inocente desde el punto de vista cinematográfico. Jolie interpreta en Maria a una mujer cuya propia imagen pública quedó indisolublemente ligada al vestuario, al espectáculo y a la construcción de un personaje. Frente a ella, McGirr propone una creación que habla del legado de una maison sin reproducir literalmente su pasado.

Margot Robbie y Giorgio Armani Privé

Fotografía 1: Margot Robbie en Giorgio Armani Privé Spring 2025, look 91, premiere londinense de A Big Bold Beautiful Journey (Kogonada, 2025). Crédito: Joe Maher/Getty Images. Fotografía 2: Giorgio Armani Privé, Spring/Summer 2025 Haute Couture, look 91.
Crédito: Getty Images / Giorgio Armani Privé.

Margot Robbie ofrece otro caso especialmente interesante porque demuestra que una creación contemporánea puede adquirir inmediatamente una dimensión histórica.

Para la premiere londinense de A Big Bold Beautiful Journey (Kogonada, 2025), Robbie escogió el look 91 de Giorgio Armani Privé Spring/Summer 2025. La elección tuvo además una carga emocional particular: Giorgio Armani había fallecido apenas una semana antes.

La pieza podría entrar fácilmente en la categoría superficial del naked dress. Pero observarla únicamente desde la transparencia sería quedarse en la superficie. El vestido está construido sobre una base translúcida cubierta por una compleja red de bordados florales y paisley realizados mediante cuentas, lentejuelas, pedrería y cristales. La ornamentación no se concentra en una única zona: recorre prácticamente toda la superficie, haciendo que el tejido parezca una estructura de joyería suspendida sobre el cuerpo.

Y aquí está la verdadera lección de alta costura. La transparencia no funciona simplemente como ausencia de tejido. Funciona como soporte para el bordado. El cuerpo se convierte en fondo de la ornamentación y la ornamentación modifica, a su vez, la percepción de la silueta. Las líneas de las aplicaciones dibujan el torso y las caderas; en la espalda, cinco finísimas tiras convergen en una aplicación central que funciona prácticamente como una pieza de joyería. Es decir, lo que desde lejos puede parecer simplemente un vestido transparente es en realidad una construcción en la que tejido, cuerpo y ornamentación están diseñados para funcionar como una única superficie. La alta costura no consiste únicamente en utilizar materiales caros. Consiste en saber qué hacer con ellos.

En este caso, Armani convirtió una superficie prácticamente invisible en una pieza de extrema densidad visual. Robbie, además, eliminó deliberadamente cualquier elemento que pudiera competir con ella. El resultado es casi paradójico: cuanto menos cubre el vestido, más trabajo exige para construirlo.

El vestido no necesitó ser recuperado de 1985 para convertirse en homenaje. Armani estaba presente en su propia obra.

Tilda Swinton y Chanel

Fotografía 1: Tilda Swinton en Chanel Haute Couture Spring/Summer 2026, premiere de La bola negra (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2026), Cannes. Crédito: Ernesto Ruscio/Getty Images. Fotografía 2: Chanel Haute Couture Spring/Summer 2026, look 49. Crédito: Kate Green/Getty Images / Chanel.

Tilda Swinton ofrece una lectura diferente porque demuestra que defender la alta costura contemporánea no significa defender únicamente el gran vestido de alfombra roja.

En Cannes 2026, para la premiere de La bola negra (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2026), la actriz llevó el look 49 de Chanel Haute Couture Spring/Summer 2026, diseñado por Matthieu Blazy. Y, de hecho, se trataba de un conjunto, no de un vestido. Es un detalle importante. Porque durante décadas la alfombra roja ha asociado automáticamente alta costura con gown: una gran falda, una cola, un volumen espectacular.

La pieza de Swinton se construye a partir de un terciopelo burnout —o devoré— en tonos azules y blancos. Esta técnica permite eliminar de forma controlada determinadas fibras de un tejido para generar zonas de transparencia o variación de densidad. El resultado crea una superficie en la que el dibujo no está simplemente estampado sobre el tejido: forma parte de su propia estructura. Sobre esa base aparecen además bordados de trenzas y plumas en distintos tonos de azul. El resultado parece casi pictórico. No estamos ante un estampado que representa una imagen. Estamos ante una superficie que cambia cuando recibe la luz.

La técnica es especialmente apropiada para Swinton porque su presencia no necesita del exceso de joyería ni de accesorios. La propia textura del tejido produce la imagen. La artesanía, en este caso, es silenciosa. No todo trabajo artesanal tiene que manifestarse mediante miles de cristales o un volumen monumental. A veces está en conseguir que un tejido parezca una pintura. Que una superficie cambie al moverse. Que la luz atraviese una zona y quede absorbida por otra. Que una prenda pueda parecer distinta en cada fotografía.

Tilda Swinton no ha necesitado un Chanel de archivo para recordar la grandeza de la firma. El Chanel de ahora resume a la perfección el alegato de su fundadora, Coco Chanel: Elegancia sublime pero liberadora para una mujer que quiere estar cómoda sin dejar la belleza de lado.

Zendaya y Schiaparelli

Fotografía 1: Zendaya en Schiaparelli Haute Couture Fall/Winter 2026–27, premiere mundial de The Odyssey (Christopher Nolan, 2026). Crédito: Karwai Tang/Getty Images. Fotografía 2: Desfile de Schiaparelli Haute Couture FW26/27 en París, horas antes de que Zendaya lo llevara. Crédito: Cortesía de Schiaparelli.

Pero si existe una imagen capaz de resumir todo este artículo, es la de Zendaya llegando a Londres para presentar The Odyssey (Christopher Nolan, 2026).

El 6 de julio de 2026, la actriz apareció en la premiere mundial de la película con el look de cierre de Schiaparelli Haute Couture Fall/Winter 2026–27, diseñado por Daniel Roseberry. Y lo extraordinario es que el vestido había desfilado ese mismo día en París.

La imagen de la modelo caminando por el desfile y la de Zendaya en Londres deberían aparecer juntas, porque aquí no estamos ante una simple comparación estética. Estamos viendo una pieza atravesar dos mundos en cuestión de horas.

La construcción del vestido es extraordinaria. El bustier está realizado en silicona moldeada con un acabado que imita porcelana esmaltada, y reproduce sobre el torso una anatomía casi escultórica: abdomen, costillas y ombligo aparecen definidos sobre una superficie rígida que recuerda a una pieza de escultura clásica. Schiaparelli confirma además el uso de un efecto de porcelana blanca y los detalles de lazado en la espalda. La falda, en cambio, introduce movimiento. Está formada por flecos de cuentas con un degradado del blanco al efecto espejo, concebidos para producir una apariencia luminosa y cambiante. La propia maison explica que la falda está iluminada desde dentro. La contradicción es deliberada: cuerpo rígido arriba, materia móvil abajo. Escultura frente a movimiento. Porcelana frente a luz. Anatomía frente a fantasía.

Y la elección adquiere todavía más sentido dentro de The Odyssey. Zendaya interpreta a Athena, y el bustier recuerda visualmente a una pieza de armadura clásica: no reproduce literalmente una coraza griega, pero recupera su significado más básico, la protección del torso convertida en símbolo de poder. W Magazine señala precisamente la tradición histórica del breastplate como motivo asociado a fuerza y poder.

Pero hay algo todavía más importante. Law Roach estaba en París aquella mañana. Tras ver el vestido desfilar, la pieza fue retirada de la modelo y trasladada a Londres para que Zendaya pudiera llevarla esa misma noche. Roach explicó que había viajado expresamente para recogerla y que el vestido fue transportado en un avión privado. Esto es prácticamente la antítesis del archivo. No existe distancia histórica. No existe nostalgia. No existe una década de separación entre pasarela y alfombra roja. Existe el presente absoluto.

El futuro también necesita fotografías

La fascinación por el archivo ha hecho algo maravilloso: nos ha enseñado a mirar hacia atrás. Nos ha obligado a estudiar las pasarelas, a reconocer diseñadores, a identificar temporadas y a entender que un vestido no es simplemente un vestido. Tiene una fecha, una colección, un contexto y una historia.

Pero esto no debe hacernos olvidar que en el presenta existen diseños que mañana serán historia de la moda. Porque dentro de veinte años alguien puede volver a encontrarse con una fotografía de Angelina Jolie cubierta de plata en Alexander McQueen y preguntarse qué colección era. Podrá descubrir que Seán McGirr acababa de llegar a la casa. Podrá estudiar Banshee. Podrá observar cómo aquel vestido fue concebido para una modelo y cómo Jolie lo transformó frente a las cámaras. Podrá hacer exactamente lo mismo con Margot Robbie y Armani Privé, con Tilda Swinton y Chanel o con Zendaya y Schiaparelli.

Y entonces esas imágenes ya no serán simplemente fotografías de celebrities. Serán documentos. Porque la historia de la moda no comienza cuando una prenda entra en un archivo. El vestido que hoy consideramos simplemente nuevo sea precisamente el que dentro de veinte años alguien estará deseando recuperar.

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